Ilusión.

Sin duda la ilusión es lo más hermoso del amor, las cosquillas en la panza cuando está por llegar, la sonrisa que se dibuja en tu rostro cuando sabes que van a estar en el mismo lugar. 

La ilusión, aquella compañera que nos aleja de los brazos de la realidad y nos nutre de una fantasía carente de sentido, aquella creadora de sensaciones que nutre nuestro cuerpo para luego marchitarlo de dolor.

Así fueron mis días, la ilusión tocó mi puerta y le abrí, le di la bienvenida y le ofrecí un café, poco a poco se fue poniendo cómoda y, sin permiso, ocupó todo mi departamento, colgó en la paredes cuadros de falsas esperanzas, llenó las habitaciones con una luz mentirosa, me alimentaba con mentiras...

Y yo le creí, me dejé arrastrar a los sueños descoloridos, sin contornos e insonoros, sonreí ante aquel roce de nuestros cuerpos, (y no paré a preguntarme si fue real o no), te miré una y mil veces a escondidas, aunque lo sabías, me pregunté mil veces si estarás pensando lo mismo que yo. 

Mal interpreté las señales, o quizás no, quizás nunca lo sepa.

Y nuevamente me odio a mi misma, por ser tan cobarde, por necesitar desesperadamente salir de este sueño inverosímil y mirar la verdad  a la cara, y no poder hacerlo por pura cobardía, por no querer sufrir lo que la mayoría de los seres humanos hemos sufrido a lo largo de nuestra vida:

El rechazo.

***

Es gracioso como funcionan nuestros sentimientos, buscan lo más difícil, rehúsan la comodidad y van tras el desafío.

Siempre recuerdo cuando un gran amigo me dijo:
-Pero vos, siempre tras lo mas difícil.

Y así soy, luchadora innata que no teme vestirse con la armadura plateada y ponerse los botines y una calza, salir a la cancha y presentar batalla. Sin embargo, en materia del amor, me convierto en un ser frágil, susceptible ante cualquier atisbo de rechazo.

Me convierto en mi propia enemiga, la cual convive conmigo, anda sus anchas por el tejido que forma mi mente, y nosotras, las dos, junto con la ilusión formamos un trío sombrío y enfermizo que aprendió a llevarse bien.

Quizás, después de todo, no soy esa luchadora, sino un ser humano, frágil para algunas cosas e inmutable para otras. 

O quizás, después de todo, lo que busco en el amor es la eterna vivencia de este mundo de fantasía, colmado de ilusión y que no llegará jamás a su fin, simplemente porque no lo tiene.



Minutos.

Me detengo en cada esquina y te miro, se que no estás, pero puedo verte.

Creí que soñarte era suficiente, en cualquier lugar podía escapar de esta vida en blanco y negro, de las tardes grises y a la falta de sol; con solo cerrar mis ojos abría mi vida hacia un mundo de fantasía que nos pertenecía: a mi y a vos. Tu aroma imaginario me calaba las costillas y reconfortaba mi corazón.

Y repetía que eso me tenía que conformar, porque no hacía falta que vos estés... si de todas formas ya estabas en mi. Quería (quiero) que eso sea suficiente, que caminar por aquellos paisajes creados en mi mente me basten.

Pero no, ahí está el problema de los sueños: que uno se empeña en querer hacerlos realidad.

Y es inútil, porque en esta realidad vos no me perteneces.

Y de repente me doy cuenta que no me puedo mentir, no puedo cubrir mi corazón con un traje de valkiria porque eso no hace que te ame menos. De la misma forma que no puedo convencer a mi mente para que no te extrañe.

Ahí está, la grieta que mi espíritu se niega a admitir, le denegó el acceso e intentó cubrirla con pavimento, pero poco a poco las piedras van saliendo y se deja ver. 

Mi imaginación es insuficiente, muestra una realidad mentirosa, sin colores ni contornos... ni sonidos.

No importa cuánto te piense en las noches, o las veces que me levante imaginando tu sonrisa, no importa que las tardes pasen delante de mi de forma borrosa, o que esquive cada recuerdo.

Todos los días es igual, me siento frente al reloj y miro pasar los minutos como si fueran niños pobres, sucios, desfilando hacia quién sabe donde. Minutos que se pierden en el banco el tiempo y que poco a poco se amontonan esperando que un mendigo o alguna alma solidaria haga algo con ellos.

Y que paradójico, el tiempo se ha convertido en mi mejor analgésico: es a la vez mi aliado y mi enemigo. Me hace bien y me hace mal, porque:

Cada minuto que pasa es un minuto que no te tengo, pero también un minuto menos que falta para verte.












Amor imposible.


No se dónde me quedé ni donde vivo, no conozco de fechas ni de horarios, sólo conozco momentos, pequeño o largos, en los que puedo encontrarme con tus ojos. 


Me hiciste volver, caí, como una estúpida y, frágil, me dejé envolver con tu manta seductora y, ciega, te seguí hasta el fin del mundo. Tenías otro cuerpo, otra vestimenta, pero seguías siendo ese monstruo temible que se esconde detrás de la dulzura.


Te veo solo una vez a la semana, y qué poco tiempo para saciar mi necesidad, mi sed y mi lujuria.


Sueño cada día con vos, ya no sé qué hacer, te veo y me pierdo:


En tus manos, que danzan en el aire al compás de tu voz, tus manos seductoras, frágiles pero firmes, manos suaves y blancas, cómo me gustaría poder tocarlas, tan solo un momento, en un toque fortuito...


...Mientras...


Me siento, te contemplo fijamente, escucho tu voz, que es la melodía más hermosa que puede crear el ser humano, tu voz potente, que no necesita de micrófonos para hacerse escuchar, tu voz áspera, autoritaria, segura.


Tus ojos, hoy color miel, dulces y brillosos, mañana verdes o celestes, fríos y cautivadores. 


Para que hablar de tu boca, tus labios finos y tu dientes perfectos, no sabes la sed que tengo de ellos, tan solo un momento, solo uno para poder probarlos, no pido mucho.


Y me maldigo, por qué, por qué siempre debo buscarte, a mi amor imposible, el cual no me deja escapar y del cual no me quiero escapar. Por qué no buscar la felicidad en otro lado, en algún lugar lejano donde seguramente se esconde la mia.

Como una tonta, caigo siempre con la misma piedra, y aun no aprendo a levantarme. Tejo en mis cuerdas vocales palabras de amor que se las lleva el viento camufladas de suspiros. Guardo en mi pecho todo lo que quisiera decirte, pero no me animo. 

Soy una cobarde.



Resoluciones.

Se acabó el año, en el ambiente hay un olor a pergamino nuevo, sin escribir. Se perciben las ansias de recorrer con prisa, pero con pausa, las horas vírgenes que este año tiene preparado para nosotros.

 Y comienza el 2012 cargado de emociones, dejando atrás sueños inconclusos y generando otros nuevos. Aquí empieza el mío. 

Somos dueños de nuestros actos y de nuestras palabras... y cuando tocaron las doce campanadas decidí que debía hacerme, por fin, cargo de ellas.

Tomé unos 30 minutos para pensar en mi, y pasar en limpio los meses vívidos, o a medio vivir.

La primera resolución que tomé, en realidad la única, fue olvidarte, claro está. 

Me preparé para lo que iba a vivir: las primeras horas del año pasaban rápido, vagué por la ciudad atada a una correa invisible a mis amigos pensando como haría esta resolución realidad.

Se que la fórmula del olvido lleva una pizca de tiempo y 500 gr. de distancia, pero quería ir mas lejos, probar alguna técnica jamás realizada, jugar con la física, la química y tal vez me atrevería a la alquimia.

Me calcé el delantal de cocina y los guantes de científico y empecé a experimentar nuevas tácticas. Quería llegar lejos, tomar decisiones desesperadas, poner todas mis fichas en el tablero y esperar que suceda lo tenía que suceder.

Estaba lista para cruzar el puente, pero lo veía viejo y destartalado. Sin embargo abroché mi campera, levante la vista y con la cabeza en alto di el primer paso:

Lunes 2 de Enero:
-¿Qué es esto? - me preguntaste cuando deposité un papel en tu escritorio,
-Mi renuncia - Te respondí.


Te soñé.

Ahí estaba mi alma, separada por un momento de mi cuerpo contemplando mis sueños.

Antes de que éste sucediera, podía ver el terremoto interior que se acercaba a mí. Como de a poco mis sentidos se iban reconstruyendo. Sobornaba a mi mente para que evite pensarte, le regalaba momentos entretenidos y la distraía con juegos de ingenio. 
Lo veía, de a poco un terremoto me iba sacudiendo. Una sensación inusitada recorría mi cuerpo y mis pensamientos.

Me convencía de que te había olvidado.

La realidad, era que aplazaba pensarte para lograr olvidarte. No sé si lo había logrado, pero al menos ya no eras el eje que movía mi mundo.

Pero tal como lo había planeado, luego de la calma arrasó la tempestad.

No puedo poner ni fecha ni horario, solo se que en algún recóndito lugar de tu ser, quizás (o eso espero), te diste cuenta de que ya no te buscaba como antes. Quizás tu subconsciente te advertía que de a poco estabas perdiendo a ese ser insignificante y fastidioso, pero que siempre estaba para cuando la necesitaras.

Te la ingeniaste una vez mas. Lograste nuevamente arrastrarme a tu lado.
Contra mi voluntad rodeaste mi cintura con una cuerda y la ataste fuerte a tu muñeca.

*****

Me levanté sobresaltada, te había soñado una vez más. Un sueño agradable, donde me pertenecías. Abrí mis ojos y cayó como una piedra, a mis pies, la realidad.

Sentí un dolor en el estómago y no me permitió hacer otra cosa mas que llorar.

En la soledad de mi alcoba no encontré otro remedio mas que exteriorizar mi sufrimiento. Rodeé mis rodillas con los brazos y me entregué sin ninguna capa protectora a la soledad que me invadía.

Que me invade.

En ese momento, donde alcanzas el punto máximo del sufrimiento, no logras encontrar una ruta de escape. No sabes que hacer, te sumerges en las tinieblas y esperas a que pase.

Rogué inútilmente a mi mente para que no te sueñe. Pero ¿cuándo me hizo caso?

Bronca.

Es como si mi vida de pronto se hubiera convertido en un tablero del famoso de juego "escaleras y serpientes". Cuando por fin parecía estar llegando al casillero final, tiré los dados y moví mis fichas. 

Tocó serpiente, y me llevó nuevamente a la casilla de inicio.

(Des)amor.

Te necesito. Quiero tenerte cerca, poder tocarte, acariciar tu piel tan frágil y traslúcida. Quisiera poder arrojarte a los pies el manojo de sentimientos que me aprisionan el pecho.

Se que intentar olvidarte es superfluo. Simplemente tengo que aprender a vivir con este desamor que me mata.

Aprender a convivir con tu indiferencia que de a poco va causando en mi un efecto similar al de cocaína. El saber que está moralmente incorrecto amarte como te amo, pero aun así beber ese néctar exquisito que al atravesar mi garganta va produciendo un efecto mortífero pero celestial a la vez.

El placer de entregarme a tu maltrato y a tu estupidez. 

Placeres que me entregas de manera involuntaria y egoísta, procurando hacerme un mal, pero causando el efecto contrario.

Tu sonrisa.
Tu piel.
Tu pelo.
Tu andar tan mezquino.

¿Qué mas puedo pedir? Tan solo me regocijo al saber que soy solo una insignificante espectadora de tu vida, y que lo voy a seguir siendo lo que dure la mía.

Envidio con todo mi ser a cualquier persona que se acerque a vos, que te pueda tocar y más aún cuando le permitís hacerlo. Lo que daría por poder hacer lo mismo. Un roce furtivo produce en mí un choque eléctrico y acelera el ritmo de mi corazón. Me da fuerzas y me impulsa a seguir amándote.

Lo sé, es un amor imposible, en el sentido literal de la palabra. Lo sé, no llegaré a ningún lado sintiendo lo que siento. Pero perdón, no quiero que sea de otro modo.


Autoflagelarse.


Elijo este medio impersonal, intentando comunicarte esto que es tan personal.

Mi querido amigo:
    Te escribo porque es la única forma que encuentro para poder comunicarte esto. Cobarde lo sé, pero no estoy preparada para verte flagelar. Te pido disculpas si te ofendo, solo pretendo ayudarte.
    Sabés, seguramente lo sabés, que la vida está constituida básicamente una cadena que comprende dos eslabones: los buenos y los malos. De los primeros no hay mucho que decir, ya que nadie se queja de ellos, de hecho muchos alardean cuando éstos son repetidos y constantes.
    En cuanto a los segundos, bueno, estás bastante capacitado.
  
 Si, comprendo que en este momento tu alma se encuentra destruída, pero recordá que no vale la pena ahogarte en el dolor si no tenés la intención de salir a la superficie renovado. Entiendo que con tu cuerpo intentes al menos mitigar un poco de ese sufrimiento que sentís por dentro; comprendo, también, que sentís que es tu último escape de ese callejón sin salida en el que estás. Pero no. No es la forma ni el lugar, no te tenés que autoflagelar y te prometo que tenés otros caminos.
  
 Aprendé, es lo que te puedo decir. Siempre hay un motivo para vivir, solo hay que encontrarlo. No escapes, no escapes de la vida ni de los problemas, enfrentalos, si las cosas no salen como esperas: con la frente en alto y con mucho orgullo recuerda que te confundiste, pero que diste lo mejor de vos. Años más tarde cuando veas no solo las marcas de tu alma, sino también las de tu cuerpo, recordarás que encontraste la forma de salir adelante.

   Lleva en el corazón un talismán protector e imaginario que reze "nada es imposible", porque realmente nada lo es. Solo basta con quererlo con todas tus fuerzas para éste se cumpla. Agradece a la vida de que estás aca. Y cuida a tu cuerpo porque con él vas a vivir lo que dure la misma.
 
  No vale la pena autoflagelarte amigo, con eso no exteriorizas un dolor interno, al contrario, creas uno nuevo, solo  hablando del mismo te puedes quitar del pecho la opresión, pero el dolor... va a pasar cuando tenga que pasar. Aprende a convivir con el, y no intentes engañar a tu mente, que reconoce y diferencia ambas clases de sufrimiento.

Te prometo, con la mano en el corazón, que todo pasa, tarde o temprano, absolutamente todo se conviente en un recuerdo y cuando menos lo esperes esto sucederá.
Volverá tu sonrisa y volverá mi felicidad.
Cuidate amigo, cuida tu vida porque de ella depende la mia.



up